Antonio Tabernero

Para comenzar te diré que, en lo que respecta a la imagen y la fotografía,
soy autodidacta.

Nací en Madrid en 1952, me crié en Vallecas sin casi ser consciente de ello.
Examinar las sombras fue uno de mis pasatiempos favoritos.

Cuando tuve conocimiento de ese proceso donde la misma luz fijaba en una
superficie la huella de las sombras, a los 14 a√Īos, me hice socio de la Real
Sociedad Fotogr√°fica.

Desde entonces no he dejado de percibir y de atisbar a través del proceso.
Me convertí en un vicioso visual; un mirón; un espectador contemplativo
de la realidad y un buscador de la cara oculta de las sombras.

GALERIA-ANTONIO-TABERNERO

 

Luego comencé a interesarme por la arqueología de lo visual que podría
muy bien comenzar por la luz del fuego y las sombras de la caverna; de
todas las cavernas y elogios, y contra-elogios de la sombra.

Ahora bien, desde hace más de una década nos encontramos inmersos en
la simulación digital de las sombras. Lo que capta la vista ya no es nada
más que un modelo lógico matemático.

Ese paso por la numeración binaria pone en movimiento al nuevo islote de
las bellas artes en la circulación general del software.

Para dar pistas y explicar algo sobre las im√°genes tratas de poner en orden
las palabras.

La palabra es el sonido de lo que vemos pero no lo que vemos
Digamos que trabajas con los códigos invisibles de lo visible; algo que ya en
nuestro joven siglo supone una puesta al día en la desmitificación de la
propia historia del arte.

Mientras escribes, amanece en la terraza vieja del horizonte, el aire fresco
se renueva en silencio y circula entre los matices interminables, tantos
como porciones decimales existen desde un n√ļmero a otro.

Si ninguna imagen puede ser literal y lo real crea imagen en el mismo
momento en que se instala en el ojo… ¬Ņcuales son los hechos que
podemos considerar como precisos?.

Cada vez m√°s, te da por pensar que la imagen habla en una lengua
silenciosa; la de los paraísos perdidos.

Y, que el final del conocimiento de las cosas es el reflejo de un reflejo.
Y, aun hoy, lo visible es ese lugar intermedio donde el prisionero sigue
pendiente del brillo de la pared en la caverna.

Lo visible se trastorna para revitalizar su visibilidad y ese camino forma una
idea que nunca se completa.

Como ves, todo prueba que este abismo nuestro es y ser√° visual.
A veces, cuando tu no me ves, te contemplo cuando haces el gesto de
mirar y desunes las cosas y no sabes si el tiempo existe.

Miras a un dios de lo real de otra época; un dios del que ya nadie conoce el
nombre.

Tus imágenes no son descriptivas; ellas tratan, en una acción imposible,
recuperar el vestigio de la sombra como una esencia del olvido.

Antonio Tabernero
Madrid, 24 de enero de 2014 para ‚äôJ‚äôs-R-‚äôJ‚äôs

 

antoniotabernero.tumblr.com

 

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