Javier Campano

De formación autodidacta, comienza a dedicarse profesionalmente a la fotografía en 1975. Sus inicios están ligados a la escuela Photocentro y a la revista Nueva Lente, Campano pertenece a la generación de fotógrafos que surge en un vital Madrid. Él mismo nos cuenta en primera persona como vivió aquellos agitados años y su largo recorrido a través de la fotografía.

Venecia 2005-72Venecia 2005

 

¿Cómo empezaste en este oficio?

Paseando con la cámara en mis ratos libres y en viajes, hasta que la afición me superó y dejé mi trabajo para dedicarme exclusivamente a la fotografía

¿Te acuerdas de cuál fue tu primera cámara?

Una cámara rusa de ocasión, una Zenit réflex que me regaló mi padre por Reyes

¿Cuál fue la primera foto o fotógrafo que te impresionó?

Robert Frank y André Kertesz, entre otros

¿La última foto o el último fotógrafo que te ha hecho sentir lo mismo?

Baylón y Jason Langer 

¿Con qué cámara sueles disparar?

En analógico con Leica M6 y en digital con Canon Mark II

¿Te da igual una que otra?

No

¿Tienes una óptica favorita?

50 mm

¿Horizontal o vertical?  

Ambas

¿Qué prefieres disparar a tiempo y hacer lo que esperabas o no llegar a tiempo y sorprenderte?

Vale todo si la imagen es buena 

¿Reencuadras las fotos?

Nunca 

¿Cómo te has adaptado al mundo digital?

Perfectamente 

¿Digital o químico? ¿Por qué?

Ambos, pero ahora mismo, profesionalmente, es más práctico trabajar con digital 

¿Qué películas utilizas?

Kodak tri-x 

¿Retocas las imágenes? ¿Con que software?

Prácticamente nada, sólo ajusto los niveles en Photoshop CS5.1  

¿Cómo ves el panorama a día de hoy?  

Creo que en general la cultura fotográfica se ha desarrollado mucho, lo cual me parece muy positivo, hay más, y muy buenas exposiciones, libros, ediciones, escuelas y mucha gente joven haciendo fotos con interés que nos darán sorpresas

 

GALERIA-JAVIER-CAMPANO

 

Hola Javier, ¿Qué mejor que empezar por el principio? Tu hermano es un reconocido pintor y tú un maestro de la fotografía. ¿Es coincidencia o es debido a que crecierais en un ambiente familiar que propiciara la creatividad?

Mi padre en su juventud tuvo una etapa de pintor aficionado pero su afición principal era la música, tocaba el violín. Pero lo que realmente nos influyó a mi hermano y a mi siendo niños fue una colección de libros de arte de la editorial Skira que había en casa y que crecía de año en año. Mi hermano estudió Bellas Artes y se hizo pintor. Un día a principios de los 70 fuimos juntos a visitar el estudio de Fernando Zobel en Cuenca y nos causó una gran impresión, tanto Zobel como la visita al museo de arte abstracto de Cuenca. Hay varios hechos que marcaron mi dedicación a la fotografía: una, encontrarme con Luis Pérez Mínguez en Amberes en un concierto de los Rolling Stones. Allí comenzó una relación que continuó en Madrid. Luis ya era fotógrafo y me introdujo en los rudimentos de la técnica fotográfica. Por otro lado, conocí al fotógrafo David Seaton, que trabajaba en la galería Vandrés de Madrid, que me pasó mucha información sobre fotografía en general y sobre libros y autores americanos que yo todavía no conocía. En aquellos años me suscribí a dos revistas de fotografía que eran de mucha calidad y mostraban tanto a los clásicos como a los fotógrafos más actuales: Creative Camera, inglesa, y Camera, suiza. Por entonces me compré un equipo de segunda mano: una cámara nikkormat con tres objetivos y aquello fue definitivo para saber que quería dedicarme profesionalmente a la fotografía.

Viviste el especial momento en el que la fotografía se abría paso en este país. Perteneces al selecto grupo de artistas vinculados a la escuela Photocentro y a la revista Nueva Lente. Es casi una obligación que recordemos aquellos momentos. ¿Qué suponía ser fotógrafo en el Madrid de las décadas 70 y 80?

Suponía vivir una época difícil y emocionante. Franco murió en 1975 y comenzó una etapa efervescente tanto en lo político como en lo social y artístico cultural, la gente quería expresarse, romper con los convencionalismos y estrenar la recién conseguida libertad. Mi primera exposición individual fue en Photocentro y mis primeras fotos personales fueron publicadas en Nueva Lente, tanto esta revista como Photocentro fueron vitales en el desarrollo de la fotografía española.

Comparte alguna de las mejores anécdotas del contexto de la escuela Photocentro y de aquella España en la que iniciabas tus pasos de fotógrafo

Yo no fui alumno de Photocentro pero estaba en contacto con ellos, me publicaron algunas fotos en la revista Zoom en español que la gestionaban ellos y asistí a numerosas actividades como proyecciones, presentaciones, etc., recuerdo la proyección de los primeros cortos de Almodovar o la exposición de Bernard Plossu al que ya admiraba.

¿Qué papel jugaban entonces las publicaciones especializadas en fotografía?, ¿cómo recuerdas a la crítica y los concursos de arte fotográfico de aquellos años?

Como te he dicho antes, las revistas especializadas jugaban un papel importante porque era información de lo que se estaba haciendo fuera. El caso de Nueva Lente fue excepcional porque trajo innovación y frescura al panorama fotográfico español. Yo no era muy aficionado a los concursos pero tuve la fortuna de ganar un premio en Alicante y con lo que me dieron me compré una Hasselblad de segunda mano que todavía conservo.

¿Eran viables económicamente los proyectos expositivos dedicados a la creación de vanguardia, lograban fácil repercusión mediática?

Yo creo que era bastante complicado conseguir exponer en Madrid. Aparte de Photocentro y la galería Redor no había sitios abiertos a la fotografía. En cuanto a los medios recuerdo el interés que pusieron Juan Manuel Bonet y Quico Rivas en difundir las exposiciones, siempre que tuvieron oportunidad.

¿Un joven fotógrafo podía conciliar su trabajo creativo y el  de encargo para subsistir en el Madrid de la Movida?

En mi caso lo podía compaginar. Trabajé para instituciones, museos y galerías, principalmente haciendo reproducciones de arte: pintura, escultura, etc.

En tus imágenes se observan ambientes de dimensión urbana y arquitectónica impregnados de presencia humana, sin embargo nunca vemos estas presencias de forma explícita, ¿huyes del contacto humano cuando te dispones a realizar una toma?  ¿Tiene este hecho relación directa con la expresión intimista que todo tu trabajo trasmite? 

No me gusta robar fotos de gente. Y aun así he tenido momentos complicados con algunas personas que por error imaginaban que les estaba fotografiando a ellos cuando en realidad estaba a otra cosa, así que en general procuro evitarlo. No obstante me gusta la gente como paseantes anónimos o como parte del paisaje urbano.

¿Qué supone para un fotógrafo exhibir su trabajo (la retrospectiva Hotel Mediodía) en un museo como el Reina Sofía?  

Para mí fue un gran privilegio y por otro lado, una oportunidad maravillosa de revisar mi trabajo de muchos años con detenimiento y con otra mirada, una experiencia muy gratificante.

 Durante tus más de 35 años de trayectoria has conseguido conciliar poesía con humor, el  blanco y negro con el color. Tu obra parece ahora más pictórica que nunca, muestras abstracciones geométricas, imágenes compactas donde el tiempo se ha congelado. ¿Es un intento de  conciliar las artes plásticas del pasado siglo; fotografía y pintura? 

Para mí,  sigue siendo todo lo mismo, tiene tanto valor el color como el blanco y negro, son variaciones de lo mismo y en todos los casos la poesía y la emoción siempre están presentes, eso es lo que intento.

En tu último trabajo: Pinturas de paso, algunas imágenes evocan las primeras pinturas de tu hermano Miguel Ángel Campano. ¿Es una huida del canon fotográfico y un acercamiento al pictórico? ¿A qué artistas admira Javier Campano?  

Siempre me ha gustado la pintura y me he sentido atraído por ella. En mis paseos callejeros veo y encuentro en las paredes muchas referencias a la pintura y a algunos de mis preferidos: Rothko, Barnett Newman, Malevich, etc., también me gusta mucho el arte pop y la ciudad gráfica: rótulos, grafismos, números…

¿Podemos encontrar en tus últimos trabajos al Campano de la exposición de arquitectura racionalista que se expuso en el  IVAM en 1998? ¿Cuáles son las claves para reconocer en la edad madura al fotógrafo paseante, al Campano que deambula por ciudades como Lisboa, Valencia, París, Nueva York, Tánger, Sevilla, Buenos Aires o Madrid? 

Independientemente del tema o del motivo que fotografíe siempre me ha interesado mucho la geometría, la composición y le doy una gran importancia al encuadre, que nunca altero a posteriori. No recorto nunca las fotos.

Javier, según tu ojo maestro, ¿qué es lo más importante para un joven que se atreve a aventurarse en el actual mundo de la fotografía?

Hacer fotos con libertad, pasándolo bien. Leer mucho, ver cine, ir a los museos, mirar fotos de todas las épocas, dejarse llevar por las corazonadas y no perder la cabeza, ni la cámara, ni la cartera.

Entrevista, por Eugenio Vizuete

 

 

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