Xavier Ferrer Chust

Nace en Vila-real en 1958. Conoce pronto los secretos del laboratorio, ya que su padre es un buen conocedor de ello por su afici√≥n¬† a la fotograf√≠a, aunque no comienza a realizar im√°genes hasta el a√Īo 1982,

En este inicio, sus trabajos son de tipo social y creativo sobre soporte en blanco y negro. En esta época participa en concursos consiguiendo galardones de carácter local y nacional.

Pero es a partir de 1988 cuando  ya dominando la técnica desarrolla su labor con más calidad y sin dejar de lado la concursística, se centra más en la elaboración de trabajos homogéneos para darlos a  conocer en exposiciones.

En el a√Īo 2000 , deja a un lado la fotograf√≠a ¬†y desmonta el laboratorio, con lo cual ya no puede copiar sus propias fotos . En el a√Īo 2007¬† aprovechando el auge de la fotograf√≠a digital consigue adaptarse al nuevo ritmo que lleva la imagen en sus t√©cnicas de retoque y en las nuevas posibilidades de las c√°maras, para realizar una nueva fotograf√≠a, un nuevo documentalismo ahora en color, rompiendo con las premisas que aun le atenazaban de la fotograf√≠a anal√≥gica de blanco y negro que en tantos a√Īos hab√≠a realizado.

Tiene la opci√≥n de poder viajar estos √ļltimos a√Īos produciendo variados trabajos en diferentes pa√≠ses

Aunque se ha distinguido siempre por el  foto reportaje, tanto de tema antropológico y social, también ha realizado incursiones en fotografía creativa y conceptual.

Ha expuesto individualmente en m√°s de veinte salas de toda la geograf√≠a espa√Īola, y su obra est√° presente en muchos centros y agrupaciones culturales y publicas y m√°s de cien premios nacionales avalan la trayectoria del autor

GALERIA-XAVIER-FERRER-CHUST

 

Un fotógrafo moral

JUAN MAR√ćA RODR√ćGUEZ

Durante trece a√Īos, un fot√≥grafo solitario viaj√≥ por la rec√≥ndita geograf√≠a de la religiosidad popular espa√Īola con esa tenacidad visionaria que s√≥lo pueden desplegar los grandes maestros que saben que es en las peque√Īas fiestas y ceremonias rurales donde se esconde, ajeno a los objetivos de las c√°maras m√°s epid√©rmicas, el verdadero coraz√≥n de un pueblo. Camuflado en el paisaje, integrado con naturalidad entre el paisanaje, el fot√≥grafo mir√≥ sin juzgar, intent√≥ comprender y, solo cuando ante su encuadre se fueron componiendo en toda su complejidad visual las contradictorias relaciones entre la Fiesta y la Devoci√≥n, dispar√≥ sin dudar. Ten√≠a todo el derecho a hacerlo, pues lo hac√≠a desde la honestidad.
Ante este breve resumen del amplio cat√°logo de ‚ÄúOremus‚ÄĚ, de Xavier Ferrer Chust (Vila-real, 1958), aviso a los espectadores que no encontrar√°n la mirada retorcida del fot√≥grafo obstinado en enfatizar, m√°s all√° de la honesta evidencia gr√°fica, las ir√≥nicas contradicciones inherentes a unos rituales religiosos continuamente subvertidos ‚Äďo enriquecidos, seg√ļn se mire- por la espont√°nea intromisi√≥n de lo popular. Tampoco hallar√°n la asepsia formalista del fot√≥grafo distante que solo busca en estos rituales una excusa para la composici√≥n de vacuas y esteticistas estampas sobrecargadas de folclore y costumbrismo. Como tampoco encontrar√°n en este trabajo el lejano extra√Īamiento, meramente testimonial, de ese antrop√≥logo acad√©mico que viaja r√≠gidamente con su c√°mara solo para documentar notarialmente la mayor o menor extravagancia de unos personajes y unas celebraciones que, habiendo sido sobrepasados por el v√©rtigo de la modernidad, nos saludan ya desde un asombroso pasado, simult√°neamente pr√≥ximo y remoto.

No. La mirada de Xavier Ferrer Chust, como la mirada depurada y cristalina de esos raros fot√≥grafos que saben que la ‚Äúlimpieza‚ÄĚ de su negativo, m√°s que una higiene t√©cnica, ser√° su √ļnica moral, es una mirada decente y frontal situada en ese epicentro exacto, tan dif√≠cil de encontrar, desde el que solo los grandes cazadores de instantes decisivos pueden retratar las escenas desplegadas ante su c√°mara sin agregarles a su ‚Äúverdad interior‚ÄĚ ni un √°tomo de exaltaci√≥n o mordacidad.
Las escenas que Ferrer Chust nos ‚Äúrevela‚ÄĚ irradian esa honesta vocaci√≥n neorrealista pre√Īada tanto de narrativa social como de los bell√≠simos destellos de poes√≠a visual que la realidad, a menudo tan trivial, a veces relampaguea como furtivos fogonazos que solo el ojo experto puede capturar. Viejos curas preconciliares tocados con teja pasmados ante un escaparate de castiza lencer√≠a femenina. An√≥malos enanos monaguillos que parecen extra√≠dos de la iconograf√≠a chirriante del ‚ÄúBombero Torero‚ÄĚ. Sombras de v√≠rgenes procesantes proyectadas sobre la gorra de plato del guardia municipal consagrando en la pared la alianza entre Catolicismo y Fuerzas de Seguridad que presidi√≥ la vida de este pa√≠s durante cuarenta a√Īos . Siluetas de crucificados emergiendo de la niebla fantasm√°tica de un contraluz urbano que destella fuego en su granulado. V√≠rgenes y cristos peligrosamente abalanzados lanz√°ndose al imposible abrazo m√°gico sobre una marea de cabezas en trance. Ni√Īos angelicales, como capturados de las viejas estampitas de los devocionarios, compartiendo la luminosidad de su pureza con el enlutado declive de un anciano: orto y ocaso, luz y oscuridad, cohabitando en un poyete. O esas chicas que descienden un risco portando un crucificado mientras sobre sus cabezas, en lo alto de la loma, adivinamos el perfil recortado de las cruces de una procesi√≥n campestre que bien podr√≠an ser, tambi√©n, el trampantojo visual de un cercado de madera. Prosaica realidad y misticismo confundidos en una sola imagen. Puro arte fotogr√°fico.
La mirada ‚Äúhumanista‚ÄĚ que desprenden estas fotos solo puede nacer del profundo respeto y la mayor ternura que Xavier Ferrer Chust parece sentir hacia sus personajes. Una mirada que, sin glorificar ni zaherir, sabe capturar el fulgor m√°gico y sobrenatural en la cotidianeidad popular del rito, hasta el punto de que muchas de estas im√°genes desprenden el vaho impreciso de las enso√Īaciones pues, abolidos o amenazados muchos de estos rituales por una sociedad cada vez m√°s as√©pticamente globalizada, estas fotos nos invitan a internarnos por los tenues corredores de la memoria reciente de un pa√≠s en el que procesiones, romer√≠as y peregrinaciones, m√°s all√° de la fe y de sus profundas contradicciones paganas, han sido el gran escenario teatral de la convivencia familiar entre generaciones o el √ļltimo nexo que nos conectaba con la nostalgia rural del arc√°dico para√≠so perdido.
Hoy, ese mundo agoniza r√°pidamente o est√° mutando en despersonalizada atracci√≥n tur√≠stica. Para salvar su memoria, durante 13 a√Īos, Xavier Ferrer Chust, un gran fot√≥grafo limpio de prejuicios, lo retrat√≥ para nosotros magistralmente con soledad, abnegaci√≥n, amor por sus personajes y esa cierta socarroner√≠a mediterr√°nea que eleva la mirada de Ferrer Chust ¬†con la radiante luminosidad del humor y el gozo.
Es decir, con la moral de quien solo abre su obturador para comprender el mundo. Yo juraría, viendo estas fotos, que disfruta mucho haciéndolo punto

 

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