Blur Ediciones

En esta ocasión nuestras preguntas van dirigidas a Álvaro Sobrino,  Director de la revista Visual. Una revista con una larga trayectoria (nace en 1989) y que está dedicada a todas las formas de comunicación visual: Diseño gráfico, fotografía, ilustración, audiovisual, publicidad, multimedia, arte y un montón de cosas tienen cabida en esta excelente publicación. El motivo de hablar con Álvaro es que nos cuente su relación con la fotografía y con la edición de libros de fotografía en la editorial Blur Ediciones S.L.

Hola Álvaro, en primer lugar felicidades por poder mantener una publicación durante tanto tiempo y con una calidad tan alta.

Empezamos a editar libros de pequeño formato en 2004. En aquel momento sólo se editaban libros de fotografía e ilustración de gran formato, en tapa dura, y con precios nada asequibles. El libro de pequeño formato se limitaba prácticamente a la colección de Cajamadrid, excelente pero sesgada: no existía ninguna apuesta por el talento nuevo, se ceñían a los autores consagrados y que eran garantía de éxito en las ventas.

Viendo el catálogo de  Blur Ediciones, hay libros que abarcan desde la ilustración hasta la poesía visual o la tipografía, ¿cómo y cuando surge la idea de publicar fotografía? ¿Quién fue vuestra primera víctima?

No existe una intención premeditada. Decidimos publicar aquello que nos parecía interesante, y siempre con una componente gráfica. A partir de ahí, el único elemento común es el tamaño del libro y el número de páginas. Luego fueron surgiendo colecciones dentro de la colección. Algunas de ellas compartidas con otros: la del Club de Creativos, la de Vallery, o la de Entrefotos. A la hora de seleccionar, nos gustaba la idea de compartir los criterios con quienes tenían una visión distinta a la nuestra, era la garantía de que no acabaríamos editando solo lo que a nosotros nos gustaba.

Pronto nos dimos cuenta de por qué no se edita mucho libro de fotografía de autor. Teníamos que competir con la edición institucional, con muchos más medios y sin la viabilidad como objetivo; piezas exquisitas, algunas veces de difícil justificación, pero con un ámbito de difusión muy reducido. Muchas veces ni siquiera llegaban a las librerías.

El primer libro de fotografía que editamos fue Galería Urbana, de Fernando Maquieira. Es un trabajo casi de documentación, de los grafitis que Fernando fotografiaba en el centro de Madrid. Había colaborado con nosotros en algún trabajo, y fue él quien nos propuso editarlo.

¿Cómo surge la idea del pequeño formato (11,5×16 cm. y 64 páginas)?

No es un formato casual. Los libros se imprimen en pliegos de papel de 70x100cm. Quiere decirse que es lo que puede salir de un pliego. Creemos que es un formato digno y al tiempo se optimizan los costes, eso es importante cuando quieres mantener un precio asequible. Responde además a una preocupación que los editores deberíamos tener: sin ningún tipo de extremismos, hay que ser responsables desde un punto de vista medioambiental.

Nos llama la atención la mezcla de estilos fotográficos y el combinado de gente que está empezando y gente ya consagrada. ¿Qué criterio tenéis para escoger  a los autores?

Desde el principio hemos seguido un doble criterio para elegir el contenido de nuestros libros: por un lado, nos interesa descubrir talento nuevo. Para un buen porcentaje de autores es su primer libro. Algunos de ellos luego han publicado libros más grandes con editoriales más grandes, y para nosotros eso es una satisfacción. Otra línea de trabajo que nos interesa es la de editar autores consagrados, pero aquella parte de su obra que por más experimental o íntima, no tiene cabida en las editoriales habituales. Así, poder hacer un libro con Miguel Oriola o Carlos Spottorno, o Fernando Vicente en el caso de la ilustración, con trabajos que de otro modo difícilmente serían difundidos, es una motivación añadida.

Otra cosa que nos llama la atención y mucho, es el precio tan asequible que tienen estos libros (6€). Parece un precio de otra época. ¿Cuéntanos como obráis el milagro?

Hay que aclarar que la edición de estos libros es una actividad más dentro de la estructura de nuestra editorial, y en este caso la finalidad es mucho más divulgativa que de rentabilidad. Hacemos otras cosas que compensan económicamente esta colección. El cincuenta por ciento de la tirada no se destina a la venta, sino que se regala. Así, aunque un libro se venda poco, nos aseguramos que el trabajo del autor tiene difusión. El propio autor recibe el 10% de la tirada. Además, siempre que el autor esté de acuerdo, nuestros libros están disponibles en la red de forma gratuita. En ocasiones, contamos además con la complicidad del impresor o el fabricante del papel, que se implican en el proyecto lo que nos permite abaratar la producción.

Tenéis una gran distribución y la gente puede encontrar vuestras publicaciones  en las mejores librerías de España pero también el el Reino Unido y en Francia  ¿Cómo habéis conseguido este tipo de distribución?

La distribución es el caballo de batalla en la edición de libros de corta tirada. Somos muy críticos con un sistema que te obliga a imprimir más del doble de ejemplares de los que sabes que vas a vender. Las librerías no pueden hacer ofertas porque existe una ley de precio fijo que lo impide. Esto es anacrónico, hoy el libro compite con los perfumes o con las corbatas, pero no tiene las mismas armas para hacerlo. Hoy los libros se venden en las grandes superficies o cadenas de librerías, y esto condiciona mucho la diversidad de títulos. Siempre hemos hecho un esfuerzo por apostar por una distribución de calidad con presencia internacional (que por cierto es ruinosa para los editores), pero cada día es más difícil.

Los cambios que habréis vivido en la redacción de la revista deben de haber sido increíbles ya que su año de nacimiento es 1989; ordenadores, programas de diseño, Photoshop ¿Cuales crees, a título personal, que han sido las ventajas y los inconvenientes del advenimiento de la fotografía digital?

A través de la revista hemos vivido de primera mano esa transición. Sin querer parecer nostálgico, echo de menos aquella fotografía de disparo. Pero no porque esté en contra de lo que ha venido después, sino por lo que tenía de veracidad. Me pongo en el lugar del espectador, y hoy la fotografía no es garantía de realidad, y antes sí lo era. Si vemos una fotografía anterior a los años setenta, tenemos la seguridad de que refleja lo que estaba sucediendo en el momento que fue tomada. Hoy no podemos decir lo mismo. Podemos fotografiarlo todo, incluido lo que no existe. Es un lenguaje distinto, ni mejor ni peor. Pero creo que la gran revolución no estuvo en los programas de retoque, sino en la incorporación de la fotografía como elemento cotidiano. Yo puedo tener apenas un centenar de fotos de mis primeros dieciséis años de vida… las que hace mi hija en una semana. Al aislarla del soporte físico y del proceso necesario para llegar a él, la fotografía está mucho más presente… y habrá quien piense que pierde cierto valor.

¿Tenéis algún libro de fotografía en proyecto?

De momento nos estamos dando un respiro en la edición de libros, precisamente porque no estamos cómodos con el sistema de distribución que se está imponiendo. No es sostenible, se venden pocos libros y la respuesta no puede ser incrementar proporcionalmente el número de títulos editados, en lugar de plantear si lo que está obsoleto es la cadena de producción y distribución. Es una burbuja que va a explotar y no queremos estar dentro en ese momento. Si para ello tenemos que reducir nuestra actividad a uno o dos libros al año, no es un problema. La alternativa es imprimir en China sin saber de dónde procede el papel, e intentar minimizar los costes en detrimento de los autores, los libreros, el impresor… no es algo que nos apetezca.

Muchas gracias por tus sabias palabras Álvaro.

Los libros de fotografía se pueden ver en su integridad  en formato Issuu en la página web libros de blur

Espero que los disfrutéis!

 

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