Railowsky

Soy Juan Pedro Font de Mora, el √ļltimo mohicano de la librer√≠a y fotogaler√≠a Railowsky. Tengo un trabajo que me apasiona y, aunque de forma bastante precaria, me permite ganarme la vida. En una de las escasas escapadas que hago, el oto√Īo de 2008, estuve unos d√≠as en una ciudad que adoro; Par√≠s. Es una ciudad para disfrutarla paseando sin rumbo fijo por los barrios antiguos. Una de las cosas que m√°s me encantan son las estaciones de trenes, cuanto m√°s grandiosas mejor. Esa tarde lluviosa de octubre me dirig√≠a hacia la estaci√≥n de Saint-Lazare. Lamentablemente ese d√≠a estaban realizando unas obras bastante aparatosas y a penas se pod√≠a ver la estaci√≥n. Una valla de madera lo imped√≠a. Mi curiosidad innata me hizo acercarme y por un resquicio pude ver los amplios cobertizos met√°licos y el reloj de la estaci√≥n que la preside en lo alto. La lluvia del d√≠a anterior hab√≠a dejado la zona de obra convertida en un inmenso charco El personal de la obra improvis√≥ una escalera para poder evitar mojarse, cosa imposible como digo. Me divert√≠ un rato viendo como saltaban desde la escalera hasta el agua, maldiciendo despu√©s su mala suerte por lo mucho que se mojaban. Contin√ļe mi paseo pero ya de vuelta vi un veintea√Īero mirando por el mismo resquicio de antes, con la diferencia que adem√°s llevaba una vieja Leica y no paraba de hacer fotos. Pens√© para mis adentros que el muy ingenuo estar√≠a intentando sacar a los “saltadores de charcos” justo al momento previo a mojarse. Me acerqu√© en plan provocador y le dije: “No lo conseguir√°, es casi imposible”. El joven me respondi√≥ de forma un tanto altiva. “Lo conseguir√©, y usted lo ver√° en los mejores museos del mundo. Mis fotograf√≠as se vender√°n a millones de francos en el siglo XXI”.

Bueno, no quiero seguir con este relato cargado de tintes “woodyallianos “. Lo √ļnico cierto de este cuento es que realmente he estado en el sitio mas o menos exacto en que Henri Cartier-Bresson realiz√≥ la famosa fotograf√≠a “Derriere la Gare Saint-Lazare”, Paris 1932, y debo decir que me sorprendi√≥ lo bien que conservan los franceses su patrimonio. Est√° exactamente la misma verja, la estaci√≥n conserva la misma cubierta y el mismo reloj. Lo que ech√© en falta fue aquel cartel de “Railowsky” pegado en la valla que dio nombre a mi librer√≠a y fotogaler√≠a. Curioso nombre que corresponde a un personaje de ficci√≥n, ya que el cartel est√° rasgado y le falta la “B” de Brailowsky, famoso pianista ruso que actuaba por esas fechas en Par√≠s. Esto nos dijo por carta el mism√≠simo Cartier-Bresson (esto es verdad, que no todo lo voy a novelar).

Tan s√≥lo dos curiosidades m√°s; el hecho de que tuviera que hacerla desde el resquicio de la valla provoc√≥ que fuera una de las pocas fotos reencuadradas del genio franc√©s, y que Cartier-Bresson no le prest√≥ especial atenci√≥n hasta 1946, catorce a√Īos despu√©s de realizarla, y m√°s por obligaci√≥n que por devoci√≥n, a ra√≠z del encargo recibido para realizar una gran exposici√≥n en el MOMA de Nueva York. Tuvo que revisar infinidad de negativos, y !zas¬° all√≠ estaba.

Luego, curiosamente se ha convertido en uno de los grandes iconos de la fotograf√≠a, ejemplo m√°ximo de lo que el mismo Cartier-Bresson denomin√≥ “la captaci√≥n del instante decisivo”.

Para nuestra fortuna ( la de Railowsky digo) se reproduce de forma innumerable en libros de fotografía y revistas especializadas , lo cual nos genera una publicidad gratuita impagable.

En fin, tenias que acabar sacando mi faceta comercial, no en balde vivo de vender, o al menos lo intento.

 

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