José María Díaz Casariego

Al observar una fotograf√≠a, en cierta manera, revivimos un instante y un espacio que, aunque desparecido en la realidad, se mantiene en la emulsi√≥n f√≠sica revelada. Puede establecerse cierta analog√≠a entre el proceso de¬† fotografiar, revelar y ver la fotograf√≠a, con el proceso com√ļn a todos los humanos de percibir, guardar en la memoria y memorizar cualquier experiencia vivida.

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Madrid, 1934 © José María Díaz Casariego 

La mayoría de las experiencias que recordamos se hayan conectadas  a la consciencia y podemos revisitarlas a voluntad. El conjunto de estas memorias conforma nuestra imagen del mundo que suele ser compartida con quienes nos relacionamos y nos hacen pensar y sentir que la realidad es exactamente de esa manera  que el grupo comparte.

Cuando el individuo de grupo interacciona con individuos de otros grupos, la pretendida inamovilidad de la realidad grupal se pone en cuestión y el resultado de esta interacción puede ir desde la aceptación de la nueva realidad como parte de la anterior, el respeto por ella sin aceptarla, la tolerancia hacia lo distinto, o en el otro extremo, la intolerancia hacia lo que difiere, la falta de respeto hacia lo que no se comparte y el intento de anular la realidad alternativa.

En el plano subjetivo, se da un proceso an√°logo, pues ¬†existen otras experiencias que, a pesar de haber causado un gran impacto en nuestra percepci√≥n o precisamente por esto, podr√≠an hacer tambalearse la realidad individual. La v√≠a de evitar ese temido cataclismo ser√≠a eliminarlas y, para lograrlo existe un mecanismo ps√≠quico que se conoce con el nombre de represi√≥n. Todo lo que la ‚Äúrealidad‚ÄĚ no tolera es ‚Äúenviado al inconsciente‚ÄĚ y as√≠ creemos que no existe. Pero este esfuerzo por taponar la memoria requiere un gran gasto de energ√≠a ps√≠quica que al ser empleada en esta labor no puede ser utilizada en otras tareas.

Pero esas ‚Äúfotograf√≠as‚ÄĚ presionan constantemente porque las volvamos a mirar, y hacen que nuestra consciencia cometa equivocaciones, realicemos actos fallidos o, cada d√≠a, dediquemos un tercio del tiempo a so√Īar con ellas. El reportero del Aqueronte que aparece en esta imagen, tiene como misi√≥n lograr sacar del ba√ļl del olvido las im√°genes reprimidas con el fin de que dejen de pugnar por salir y sea posible emplear la energ√≠a en amar y trabajar mejor.

 

Reportero del Aqueronte. 

Como una cabeza de un iceberg sonriente, el reportero del Aqueronte sonr√≠e mientras plasma con su c√°mara las partes menos observables quienes cruzan sobre √©l.¬† ¬ŅHabr√° realizado un pacto con los animales de las profundidades para que le permitan realizar su trabajo? La sombra del Cerbero se cierne, vigilante,¬† a la izquierda. El recreo est√° acabando y pronto habr√° que volver al crep√ļsculo d√≥nde la cabeza fotografiadora llevar√° consigo sus representaciones plateadas para hacer menos sombr√≠a¬† la obscuridad. El pasajero de un¬† tranv√≠a parece ser el √ļnico consciente de la actividad fetichista del cazador de pies.

Pero, tambi√©n hay otra mirada, la ¬†que ha sido capaz de congelar el instante de una calle cualquiera de una ciudad desconocida. ¬ŅUn √°ngel, quiz√°?

Luis del Pozo
Psicoanalista

 

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